SÓLO NOS TENEMOS A NOSOTROS
En octubre del ’83, cuando se votó el primer gobierno “democrático” después de la dictadura, ya no vivía en Buenos Aires por lo cual viajé desde Río Cuarto para venir a votar. Por entonces, mi hermano, con sus veinte hermosos años, era un militante activo del peronismo. Recuerdo que un día antes de la elección a presidente, Sergio me dijo profundamente convencido: “Estela, el país es peronista”. Yo, en el fondo, pensaba que estaba equivocado, pero me cuidé muy bien de decírselo. El día de las elecciones salimos a caminar por Corrientes junto con el padre de mis hijos y mi hermano. Él, supongo, esperaba el festejo peronista. Sin embargo, comenzaron a pasar las horas, cayó la tarde y se hizo la noche y el triunfo no llegó. De nuestra caminata por esa avenida y recorriendo varias cuadras recuerdo tres cosas: la infinita tristeza y la desorientación de mi hermano, la soberbia de grandes grupos de la Juventud Radical que marchaban con boinas blancas festejando triunfales y los grupos ...